El infierno son los otros en este país de españolitos

“Todos los demás son culpables, salvo yo”, cita Bruckner a Céline.

Todos los demás. ¿Se considera, pues, un otro?”, anoté. Sí. Pero uno muy preciso. Parece la vuelta de tuerca definitiva al infecto “El infierno son los otros”: el infierno son nosotros ya, “los demás” no remite a extraños sino a los míos, de los que me aparto para salvarme y condenarlos.

El infecto “El infierno son los otros”, que lleva por lema tanto tonto insoportable, tartufos, savonarólidos. Qué gente, J. C.; esa gente que

se cree muy inteligente y, sobre todo, está convencida de que es demasiado buena.
¡Cómo no va a haber guerras!

 ***

Cfr. José María Marco, Sueño y destrucción de España:

Durante mucho tiempo, en nuestro país ha estado mal visto declararse español. (…) Se hablaba mucho de “este país” y los españoles eran “los españolitos”. (…) Cuando decimos “este país”, nos libramos de nuestra nacionalidad y endosamos a los demás una situación que no nos gusta. Así creemos salvarnos, cuando lo que hacemos es revelar nuestra escasa consistencia ética –nadie se libra de nada por tan bajo precio– y nuestros complejos. Si tomamos distancia con respecto a “los españolitos” o a “este país”, es para dejar claro que nosotros no somos “un españolito más”. De alguna manera misteriosa, al pronunciar las palabras mágicas, pasamos a ser ajenos a ese país que ha dejado de ser el nuestro.

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